Mi P’tit Loup estuvo una vez en un corralito cuando tenía 14 meses: nos invitaron y nuestros anfitriones se ofrecieron a ponerlo a almorzar. Estábamos unas diez personas en la mesa, y él pasó un máximo de 3 minutos en el corralito, el tiempo de recorrer los pocos juguetes que había. Pasaron estos 3 minutos, nos llamó frenéticamente, y no podía volver al parque. ¿Puedes culparlo? ¿Nos gustaría que, cuando hay actividad y convivencia en una casa, se dejara de lado de esa manera? ¿Te imaginas en una situación en la que tus seres queridos están comiendo juntos, hablando, riendo, pasándolo bien, y pidiéndote que estés solo en el otro extremo de la habitación, entre bares, con un libro o sudoku para mantenerte ocupado?! ¡Claro que no! Una vez vi un video de La actividad diaria donde los padres habían usado el parque varias veces por la noche para su hijo de 1 año. Al principio, lo pusieron allí para poder “preparar la comida en paz”. Luego le daban de comer en su silla alta y lo volvían a poner allí para poder “comer en paz” en el sofá. Tal vez esos padres no lo habían pensado, no les estoy tirando piedras, es más o menos este modelo que nuestra sociedad impone. Pero me parece que hay otras formas de organizarse con un bebé de esta edad. Formas que permiten a los padres preparar la comida garantizando la seguridad del niño, y sobre todo que les permiten ser incluidos en la vida de la casa y pasar un tiempo de calidad con ellos, como una familia! Y lo que es más, enseñándole cosas !